Me llamo Clara, soy de Casería de Montijo, un barrio del Distrito Norte de Granada. Cuando nací, en 1994, mi barrio estaba lleno de vida, los vecinos eran familias de pueblos de la provincia que habían venido en los 70-80 a la ciudad en busca de trabajo. La convivencia era buena, había todo tipo de comercios típicos de barrio: panaderías, papelerías, todo a 100, bares, peluquería, farmacia, dos supermercados… y los dos colegios. Para que os hagáis una idea del nivel de tranquilidad tanto social como económica que había, se hacía hasta un concurso de qué bloque tenía el jardín más bonito. Treinta años después, Granada opta a la capitalidad cultural europea, se han hecho muchas cosas nuevas, se han construido barrios nuevos y se ha reasfaltado casi el centro entero, mientras mi barrio tiene baches en la calzada, crecen matorrales en las aceras, la basura no se recoge y, en resumen, está muerto porque casi todos los negocios han tenido que cerrar, solo quedan dos bazares, de todo lo que había. No ha habido un relevo generacional total entre la gente que antes eran profesionales de oficios y los jóvenes de ahora, por motivos que no alcanzo, pero la mayoría actualmente o están en paro o han tenido que poner interiores para sobrevivir. Casería de Montijo estaba catalogado entonces como un barrio de vulnerabilidad media y ahora estamos en vulnerabilidad severa, hemos ido para atrás. Aun así, mi barrio es al que se muda la gente del resto de barrios del distrito para mejorar su calidad de vida, por lo que podéis imaginar cómo está el resto del distrito.
En mi barrio una de cuatro personas no tiene ni siquiera la ESO. En mi clase éramos 15, por ilustrar estábamos 2 marroquís, 6 gitanos, una rumana y 6 payos blancos españoles. De ahí, tenemos carrera universitaria solo dos, formación profesional cuatro y el resto nada. Voy a poner un par de ejemplos para que sirva para extrapolar la situación general del distrito. Mi mejor amigo es una persona brillante, inteligente, sensible… y ya de adultos me contó que cuando éramos pequeños no venía a mis fiestas de cumpleaños porque sabía que venían mis amigas “de fuera” (que se refería a de fuera del barrio), y se sentía fuera del lugar, como que no pintaba nada. Yo le dije: eras mi mejor amigo, el único que seguro que no sobraba eras tú. Y, sin embargo, fijaos, él se autoexcluyó, ya dio por hecho que había un espacio al que no pertenecía y al que no tenía derecho de acceso. Por otro lado, otra amiga mía de pequeña decía que quería ser futbolista como Casillas, Guardia Civil como su abuelo o maestra, inspirada por nuestra maravillosa tutora, Chelo. Su madre era ama de casa y su padre, que trabajaba en una empresa, llevaba varios meses pidiendo permisos para ir al médico porque le dolía el pecho y no le encontraban el por qué. Hasta que dejó de pedirlos porque le daba miedo que por eso lo echaran del trabajo. Y un día, con 38 años le dio un infarto fulminante y se murió. Como acababan de dar la señal para un piso nuevo, pero aún no habían firmado ningún seguro, la madre de mi amiga se quedó sola, sin trabajo, con dos niñas pequeñas y una hipoteca enorme. Así, empezó a limpiar limpias casas, sobreviviendo con muy poco durante muchos años y mi amiga en cuanto pudo dejó los estudios para poder ponerse a trabaja y ayudar a su madre. A día de hoy no ha podido plantearse un proyecto de vida propio por apoyar a su madre. Y por último, otro ejemplo, he visto en Tiktok que hay un niño en las tres mil (Sevilla) que con una bici normal y las piezas de un patinete eléctrico ha hecho una bici eléctrica, un niño de 11 o 12 años. Entonces yo con todo esto pienso: a quien no le importemos, a quien de todas maneras ya de por sí le dé igual que nos vaya mal, que lo vea de esta manera: ¿cuánto talento y capital humano estamos perdiendo? ¿cuántas vidas no está siendo posible que se desarrollen? ¿acaso no es una forma de matar anular a una persona ya antes de que pueda incluso imaginar a dónde puede llegar?
Por otro lado, están mis amigas del centro que, por supuesto, todas tienen carrera. Pero es que además de pequeñas tenían claro que querían ser maestras, farmacéuticas o abogadas. No porque sean más listas o menos vagas que los de mi barrio, sino porque es que sus padres eran maestros, farmacéuticos y abogados. Lo han visto en su casa, es lo normal. Entonces, yo me pregunto ¿por qué cuando un niño quiere ser médico porque lo ha visto en su padre vemos perfectamente ese condicionamiento familiar y lo vemos como una cosa normal y natural pero cuando una niña ha dejado los estudios porque no le interesa o porque se quiere casar (por ejemplo) lo vemos como otra delincuente que quiere vivir de “paguillas”? ¿Ahí no hay condicionamiento familiar ni social?
Tampoco ayuda el sistema educativo a frenar el absentismo porque a unas personas que no se alimentan bien (porque sus padres y los padres de sus padres no se alimentan bien), no descansan bien porque su casa es de mala calidad y le entra ruido, frio o calor, y en la calle hay carreras ilegales sin nadie que las pare, o porque a veces ni siquiera saben si van a tener casa al día siguiente… ¿cómo le vas a pedir que le importe cómo se calcula la hipotenusa o que comente el Lazarillo de Tormes? Es que es como si te llevaras a una persona que no tiene piernas a comprar zapatos. Y respecto a la formación profesional, es verdad que sabemos que está fatal en toda España, pero lo que pasa en nuestros barrios es que los centros de formación profesional que hay abastecen también a los pueblos de alrededor que tienen un mejor contexto social y por lo tanto tienen mejores notas. Así, al competir con ellos, también quedamos excluidos en los centros de nuestros propios barrios.
Hoy en día, la mitad de la población de mi barrio es extranjera y se han hecho actividades para apoyar la multiculturalidad, normalizarla y para fomentar la convivencia, pero todas han surgido de la asociación de vecinos y de otras ONGs y asociaciones como Amigos de Marruecos, Granada Acoge… ninguna, nunca, en ninguna zona de Granada, actividad que promueva la convivencia, la multiculturalidad y la integración se ha convocado por parte del Ayuntamiento o La Junta de Andalucía; todo ha surgido de la gente.
En cuanto al trabajo, como imaginaréis, casi todo el trabajo es en B. La gente vive de hacer chapucillas, de hacer las uñas, de la marihuana… imaginad en el COVID cómo eran las colas de recogida de alimentos, que nosotros los vecinos éramos los que los repartíamos. Y hay gente que eso es lo que tiene, porque además si busca trabajo tiene que poner otra dirección porque se sabe, es un conocimiento extendido, que si en tu currículum pone C.P. 18011, que es el código postal de Distrito Norte, hay 90% de posibilidades de que te descarten directamente sin hablar contigo siquiera. Pero luego, tampoco hay ayuda al emprendimiento; una vecina me contó que había montado un plan de negocio porque tenía a los niños pequeños y los trabajos que le salían no los podía compatibilizar con cuidar de ellos, entonces quería montar una tienda en el barrio porque allí pues si los podía tener por allí cerca y era más fácil para ella la conciliación. Recuerdo que el barrio está muerto sin apenas negocios y ella una madre soltera. Así, recurrió a las instituciones para pedir apoyo, ayuda económica para el alquiler del local, de la cuota de autónomos o al menos guía sobre cómo llevar a cabo todo. No recibió nada de ayuda. Una persona que tenía voluntad de montar un negocio en un barrio con falta de ellos, que quiere emprender, vivir dentro de los márgenes sociales y legales… y no se le dio ningún soporte. Pues esa mujer para darle de comer a sus hijos hoy día tiene puesta en una habitación de su casa un interior, porque no tiene alternativa de conciliación, tan sencillo como eso. ¿Por qué se permite todo esto? ¿Por qué no se persigue la economía sumergida, los trabajos sin contrato, etc? Yo creo que lo que pasa es que la gente de fuera tiene la certeza de que nosotros queremos vivir así. Como que es que nos gusta vivir así, sin ninguna garantía de nada, sin seguro de accidentes, sin vacaciones pagadas, sin derecho a jubilación, temiendo que la policía nos pille las plantas o la mafia no nos las pague… Yo creo que es que creen que nosotros elegimos cada día vivir así y que no nos interesa vivir de otra manera porque si no… ¿por qué se permite todo eso? ¿por qué no hay nadie que busque la manera de que la gente regularice los trabajos que hace? porque al final el que hace chapuzas o la manicura está haciendo un trabajo necesario para la sociedad.
En servicios públicos en general decir que hay un barrendero para ocho mil habitantes (por supuesto en el centro podéis imaginar lo que habrá), han robado los cables del alumbrado público de media ciudad y las últimas farolas en arreglarse son las de Distrito Norte, cuando hay que renovar autobuses los últimos que se renuevan son los de Distrito Norte, no tenemos biblioteca, no tenemos comisaría, había altercados con los autobuses y vez de poner una patrulla que vigile o disuada, lo que han hecho ha sido dejar a siete mil personas sin autobús por la tarde… en fin, la idea que quiero transmitir es que tras los titulares de inseguridad, de absentismo laboral y escolar, de embarazos adolescentes, de conflicto, etc. hay personas que están enterradas en arenas movedizas y que son las primeras víctimas de todo lo que se cuenta. Todos esos titulares que disuaden tanto y que provocan tanto rechazo, las primeras víctimas son las personas que están ahí y si la ayuda que se brinda está creada con los prejuicios, deshumanización y con el mismo desconocimiento que fueron los que los enterraron, no va a servir para nada.


