Yo tendría siete u ocho años cuando mi padre me llevó, como siempre, a una concentración en Triunfo y me quedé un poco impactada al ver a Kim por primera vez.
Hasta ese momento yo no sabía nada de nada de la existencia de personas trans ni del concepto siquiera. Pero Kim era tan alta e imponente... que le pregunté a mi padre quién era. Él aprovechó, como siempre, para explicarme las cosas de la vida: Que había gente que al nacer se sentía de otra manera y tenía que luchar más que los demás para conseguir ser quien quería ser, porque había mucha gente que se oponía a ello.
Yo, chica como era, no podía entender que alguien quisiera impedir que otra fuera feliz, siendo como quisiera si no hacía daño a nadie. Me pereció todo aquello muy extraño y como que los adultos le daban demasiada importancia a que esa mujer tan llamativa, se hubiese convertido en mujer de una manera diferente a la habitual.
Kim, sin saberlo, se convirtió para mí en un aprendizaje de vida completamente nuevo, se convirtió en la referencia de todo lo que una mujer debe ser: ella misma a pesar de todo y de todos.
Después no coincidí con ella demasiado, pero siempre la tuve presente como se tienen siempre presentes todas las primeras veces.
Gracias Kim, dejaste un mundo mejor del que te encontraste.
En recuerdo de Kim Pérez.
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